Yo debo de ser la periodista y tú el economista. Dos niños. Listos, como tú, salvajes como yo. Y una niña… ¡sí! Va, dijimos que al final sí, no me jodas capullo ¡eso es hacer trampas! Se llamara como tu madre. Ah, se me olvidaba, la boda será en un garaje con jeans y Converse. De testigos el que nos vendió los batidos y el que fregaba en el Mc Donalds aquella noche de verano. Nada de parafernalias ni guirnaldas, no me seas moñas. ¿Aunque, para qué casarnos? [...]
Att:Y bueno, tres o cuatro cosas más que dijimos pero no recuerdo muy bien. ¿Y si se jode? Nada, no sufras, todos los jueves que nos restan, si llueve, volvería contigo.
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